Bicicleta post-Covid-19

Buenos días desde #mislunesenfacebook, este sábado de confinamiento mi hermana me preguntó sobre que iba a escribir hoy . “No se me ocurre nada” le dije. En ese momento mi sobrina de 4 años salió de repente por una esquina de la pantalla del móvil diciendo: “puedo la bici ?” “ puedo la bici?” 🙂 “Te cuelgo que ya se sobre qué voy a escribir”, le dije a mi hermana 🙂
No hay nada como tener una editora tan insistente :). Así que me puse manos a la obra y aquí os cuento cómo quiero que sea mi bicicleta para cuando acabe todo esto:
“Decidido, ahora cuando pase todo esto voy a comprarme una bici, pero no una bici cualquiera. Una bici con unos pedales anaranjados, para que cuando pedalee pueda ver en mis pies como está amaneciendo. Una bici con frenos de disco, pero rotos, bien rotos para que no frene cuando a alguien se le ocurra hacerme “un alto”. Con una cesta de alambre que retenga la lluvia y filtre las envidias. Y con ruedas blancas, muy blancas, tan blancas que tenga que limpiarlas dos o tres veces al dia, y qué? Me gustan así :). Una bici que no se maree ni al cruzar los puentes colgantes más largos ni los más cortos. Y sin guardabarros para que cuando tenga calor pueda darme un baño por los charcos en primavera. Una bici sin suspensiones para no olvidarme «a que sabe la vida” cuando vaya por caminos de piedra. Quiero tener agujetas hasta en las orejas. Una bicicleta ligera, tan ligera que me haga sentir toda la adrenalina de bajar a toda prisa por las calles mas estrechas de las ciudades mas empinadas del mundo, tan estrechas que tenga que encogerme de hombros para no tropezar con las macetas colgadas en las rejas de las puertas de los patios, mientras los geranios rojos me lavan la cara a velocidad de vértigo.
Una bicicleta con un timbre de latón color mate, el oro lo dejo para otras bicicletas. Con un sillín acolchado, bien cómodo, para pensar tranquilamente cuando me detenga un rato delante de todos los tonos turquesa del mar. Con un manillar que pueda ponerlo al revés y seguir pedaleando, sin perder el ritmo hacia el norte o hacia el sur, quién sabe, mientras miro amablemente lo que se va quedado atrás. Y los radios, los radios quiero que sean bastante flexibles y color azul tormenta, y que se enciendan como bengalas a cada bache y asi tener la luz necesaria para poder seguir avanzando cuando vaya cayendo el sol. Decidido, voy a comprarme una bicicleta con un candado de esos de contraseña y cuando decida dejarla en la calle no tener que preocuparme por si roban la farola. Y con amortiguadores que amortigüen esas penas que necesitan reposar. Y respecto a la cadena, definitivamente será de las que se salga siempre, si o si, cuando me cruce contigo.