Desde el paraiso

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Buenos días desde mis lunes en Facebook. Abro los ojos, abro las ventanas y me despierto en el paraíso, donde todos los caminos de tierra y arena llegan al mar, donde las paredes de piedra seca que guardan tranquilamente los campos, de apenas un metro de altura, no discuten nunca con el caminante, y las ramas de las higueras las suspenden mágicamente los payeses sobre la tierra arrugada. Donde las rocas de las calas te susurran suavemente al oído antes de ponerse el sol y todos los tonos turquesa besan los pies desnudos sumergidos en la mar, de los embarcaderos de sabina.

Desde hace unos días duermo en el paraíso cerca de las compuertas viejas de las salinas donde el oro blanco se torna rosado en septiembre, donde la posidonia se despierta majestuosa y lenta cada amanecer, mientras las cigarras afinan sus timbales para su inminente serenata de amor. Donde las bicicletas de colores claros descansan junto a las lagartijas en las puertas de las casas mientras las cortinas de redes bailan al son de la brisa. Donde la soledad busca a la libertad para cogerse de la mano junto al faro mas cercano a las costas africanas.

Aquí estoy descansando, paseando, guitarreando y cantando. Saltando una pared de piedra, cuando regreso temprano de dialogar en silencio con el mar, para coger un par de higos de la higuera abandonada a la vida, de un vecino que espero sea amable y que no tengo el gusto de conocer. Y los dejo pacientemente hasta la merienda, en el banco de piedra de la cocina junto a la ventana que vigila la parte de la isla por donde llegaban los piratas. Aquí estoy desayunando pan recién hecho en el horno árabe situado en uno de los porches de la casa a la sombra de siete parras. Cogiendo huevos de las gallinas que comparten corral con dos ocas, y tres patos que me miran de reojo. Leyendo en un banco de piedra largo y blanco sobre cojines de colores azules cálidos y antiguos, saboreando un té, rodeado de buganvilias rosas, blancas y ocres que juegan durante la mañana con los vientos que van atracando en la isla. Escribiendo sentado con las piernas de vez en cuando en posición de loto en compañía de una hamaca, un sombrero de paja que me mira esperando tranquilamente y cuatro farolitos con velas que bailan al ritmo suave del gregal cuando llega la noche.

Aquí estoy incorporándome medio hechizado después de haber tropezado como a mi me encanta tropezar, con unas palabras que alguien ha dejado sin avisar sobre las baldosas de barro junto a mis zapatillas, alguien que empiezo a admirar sin saber ni siquiera su nombre;   “Despiértate siempre sintiéndote en tu casa allá donde amanezcas, y solo así conseguirás que los demás se sientan como en su casa, en tu presencia”  Feliz semana desde el paraíso !!